Istanbul Part I

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Estoy a casi un mes de que se acabe una de las aventuras más grandes de mi vida, pero sólo para empezar una quizás aún mayor. Mi novio, razón principal por la que me vine a vivir a Bélgica en un principio, ahora consiguió un trabajo en Estados Unidos y me invita nuevamente descubrir otra parte del mundo.

Como hace meses que sabíamos que era una posibilidad, decidimos ver lo máximo posible de Europa en los pocos meses que nos quedaban, y así lo hicimos. Ahorré lo que más pude y renuncié a mi rutinario trabajo en una tienda de ropa, para dedicarme a mi free lance y al blog, aunque este último lo he tenido bien botado. Eso fue el 2 de julio, ahí empezó una travesía que hoy, ya a finales de septiembre, aún no para, aunque va en cuenta regresiva.

El 3 de julio llegó mi mamá de visita desde Chile, lista para unirse a algunos de nuestros viajes. El primero fue Istanbul, capital de Turquía con la que ella soñaba desde sus clases de historia sobre el imperio bizantino. Teníamos guía gratis, qué mejor! Hicimos nuestras maletas y partimos a descubrir una parte de Europa tan distinta al resto que se asume que es Europa sólo geográficamente, pero nada más allá de eso.

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Isatnbul es un mundo completamente distinto para los que estamos acostumbrados a la vida occidental. Sí, es cierto que es una ciudad totalmente multicultural y, comparado con otros lugares de Turquía, debe ser lo más europea del mundo, pero fue muy entretenido descubrir este mundo tan desconocido para mí. El primer día recorrimos la ciudad con los clásicos buses hop on- hop off. Son súper turísticos pero ayudan para tener una idea general de la ciudad y, como en Turquía todo se negocia, conseguimos 2 días de bus más un día de tour por el Bósforo, por el precio de un día de bus. No les tiene que dar vergüenza regatear, de eso se trata.

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Quisimos entrar a la Mesquita Azul, pero estaba cerrada porque, pese a la gran cantidad de visitantes, esta mesquita sigue siendo un lugar sagrado y a la hora de los rezos (cinco veces al día) la cierran al público. No así Ayasofya, que está justo frente a la Mesquita Azul, y que ahora es un museo y se reserva solo para las visitas de turistas. Antes de entrar y mientras comíamos ricos choclos cocidos que venden en carritos en cada esquina, nos sorprendimos al escuchar cómo cada mesquita transmite los rezos por alto parlante. Yo obviamente no entendía nada, pero me sonaba más a cantos que a oraciones, pero fue genial, algo que jamás había visto ni me había imaginado. En fin, entramos a Ayasoya y creo que las palabras sobran al ver un lugar así y no hay nada que la refleje mejor que las fotos. Llevo como media hora pensando cómo describirla y todo me resulta un poco injusto. Lo único que se me ocurre es increíble.

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La verdad es que antes de ir a Istanbul no tenía idea de su historia y asumo que era completamente ignorante respecto a quiénes y cuándo habían vivido ahí. Por eso me sorprendió ver palacios como el de Dolmabache, que deja a Versalles, Schonbrunn y Buckingham chicos. Está al lado del impresionante azul del mar Bósforo y rodeado por jardines perfectos para descansar un poco del sol turco. Lástima que no se podía sacar fotos adentro, porque sin ver las fotos es difícil creer que tiene escaleras hechas de cristal y lámparas que pesan toneladas de lo enormes que son. Además era muy entretenido ver cómo se divide la vida de hombres y mujeres. Las mujeres ocupan una parte del castillo y si hay ceremonias, fiestas o reuniones, tienen ventanas para mirar pero no pueden estar en la misma pieza que los hombres. Así mismo estaba dividido el Palacio Topkapi, que mira Istanbul desde las alturas. El palacio lo empezaron a construir en el siglo XV y desde entonces fue residencia de distintos sultanes. Además de las habitaciones, jardines y la vista, adoré los azulejos que adornan cada una de las paredes. Todos pintados a mano!

245301Pero qué es Istanbul sin sus mercados y bazares? Creo que es lo único de lo que había escuchado antes. El famoso Gran Bazar, en el que se pueden encontrar copias de todas las carteras y zapatos del mundo, en el que todos hablan el idioma que se les ocurra y del que no puedes salir con las manos vacías. Yo adoro la moda en general, es por eso que mi gran objetivo era un clon de Céline o Chanel, pero la verdad es que el verlas ahí (los mismos modelos de las revistas y otros que Karl Lagerfeld se pegaría un tiro en la cabeza si viera con el logo Chanel) todas apretadas una cnontra otra, con vendedores ofreciéndolas a €300 para en menos de 5 minutos pedir €100… Perdieron un poco la gracia, por lo menos lo que para mí significa una de esas carteras, pero en fin, esa es la parte aburrida. Millones de lámparas de todos los colores que se pudan imaginar, especias y dulces de todos los tipos, pañuelos, cojines, ropa, lo que se les ocurra! Ahí me rendí con las carteras y puse una nueva meta: lámparas para mi nuevo balcón. Ay que stress más grande cuando  Diego, mi novio, se puso a negociar! Pobre el hombre que se topó con él, debe estar hasta hoy preguntándose se su vida vale la pena. Ya ni me acuerdo con cuánto partió pero el hecho es que compramos 6 lámparas por cerca del 30% del precio original. Con mi mamá esperábamos a lo lejos sin querer ser testigos de su negociación. Al final el vendedor nos dijo “ya! Elijan las lámparas y váyanse! No los quiero ver más!”. Fue un poco terrible pero terminamos con lindas lámparas que aún esperan por ser instaladas en mi nuevo departamento en Houston.

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